Alfredo Sanzol abraza sobre el escenario el duelo por la muerte de los hermanos

El paseo surrealista y emocionante que una mujer hizo con su hermano, la noche antes de morir, en una silla de ruedas por los pasillos de un hospital para buscar el aire en la calle, donde no paraba de llover, para fumarse ese último cigarro tan delirante. O la maquinita de quitar las bolas de los jerséis de lana que un hombre, poco antes de morir, le recomendó a su hermana que comprara y que ella todavía conserva. También aquellos dos familiares que se presentaron vestidos de negro total, como de luto, para acompañar a su hermana en la primera sesión de quimioterapia. Son situaciones reales que Alfredo Sanzol (Pamplona, 53 años), director del Centro Dramático Nacional, ha plasmado en su nueva obra, La última noche con mi hermano, en la que abraza sobre el escenario el duelo por la muerte de los hermanos y el sentimiento de hermandad y fraternidad, en momentos de odio y crispación como el que, asegura, estamos viviendo.

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 El director del Centro Dramático Nacional estrena una obra sobre la fraternidad en tiempos de odio  

El paseo surrealista y emocionante que una mujer hizo con su hermano, la noche antes de morir, en una silla de ruedas por los pasillos de un hospital para buscar el aire en la calle, donde no paraba de llover, para fumarse ese último cigarro tan delirante. O la maquinita de quitar las bolas de los jerséis de lana que un hombre, poco antes de morir, le recomendó a su hermana que comprara y que ella todavía conserva. También aquellos dos familiares que se presentaron vestidos de negro total, como de luto, para acompañar a su hermana en la primera sesión de quimioterapia. Son situaciones reales que Alfredo Sanzol (Pamplona, 53 años), director del Centro Dramático Nacional, ha plasmado en su nueva obra, La última noche con mi hermano, en la que abraza sobre el escenario el duelo por la muerte de los hermanos y el sentimiento de hermandad y fraternidad, en momentos de odio y crispación como el que, asegura, estamos viviendo.

“El duelo por la pérdida de un hermano o hermana es el que socialmente está menos acompañado”, señala Sanzol, que, partiendo de conversaciones con una docena de hombres y mujeres —abogados, médicos, psicólogos, artistas— que han sufrido la pérdida de un hermano o hermana, escribe esta obra de ficción que indaga en el dolor, no exento de situaciones cómicas, y también en las maneras distintas de vivir la hermandad, muchas veces frías y distantes. La última noche con mi hermano, protagonizada por Nuria Mencía, Jesús Noguero, Elisabeth Gelabert, Cristóbal Suárez, Biel Montoro y Ariadna Llobet, se estrena este viernes 13 de febrero en el teatro María Guerrero de Madrid, donde se representará hasta el 5 de abril.

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Todo empezó cuando su amiga Ruth Alonso perdió a su hermano César, en diciembre de 2024, tras una larga enfermedad, y le contó a Sanzol cómo había sido la última noche con él y cómo eso le había cambiado la vida. A Sanzol se le encendió la lucecita teatral y pidió permiso a su amiga para, partiendo de su caso real, empezar a indagar sobre el duelo de los hermanos, un duelo del que no se suele hablar demasiado. “Es un tema muy delicado, en el que yo, con todo el respeto, realicé las entrevistas o, más bien, conversaciones para indagar y saber más sobre sus vivencias y de cómo había sido el proceso de la muerte. Cada historia es un mundo, pero lo que parece claro es que la muerte de un hermano conlleva la pérdida de un trozo de la infancia”, explica Sanzol, que se muestra especialmente atento al sentimiento de esperanza y de cómo va cambiando a medida que avanza una enfermedad.

“Vivimos continuamente con esperanzas diferentes que son el motor que nos hace movernos en la vida. Cuando aparece la enfermedad o los cuidados, de repente la esperanza se focaliza en la curación o en la manera de llevar una vida lo más normal posible. Según avanza la enfermedad, esa esperanza va buscando otros huecos. Tiene un poder metafórico muy grande de cómo es la vida de cualquiera de nosotros, cómo las esperanzas van variando en función de cómo te va cambiando la vida. Toda la trama de la obra gira en torno a esa familia que se va adaptando a los golpes de la vida para así ir creando distintas esperanzas”, señala el director, que ha centrado la función en una familia con tres parejas de hermanos, cada una con su propia singularidad, dentro de una casa abierta y una grieta al fondo de escenario, desde donde se vislumbra un hermoso y frondoso bosque. Dos de ellas se enfrentan a la pérdida de un hermano, en un caso por muerte y en otro por distanciamiento, y la otra es la relación de dos hermanastros, que es la única que tiene un futuro claro.

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En La última noche con mi hermano se vive el humor como una auténtica necesidad para luchar contra la tristeza, pero también se escucha el “odio” —“vivimos momentos de gran crispación y los discursos de odio no llevan nunca a nada bueno”, dice el director— y se ponen palabras al distanciamiento fraternal por el conflicto de ETA en el País Vasco. “Soy del 72 y en el norte viví los peores años de la violencia que ha marcado a muchas generaciones. Es un tema que hago aparecer porque quería mostrar una realidad que condiciona la vida de muchas familias. Es una herida de la que necesitamos seguir hablando y a la que las artes y la cultura deben ir dando forma”, reflexiona Sanzol. Es también una función que reivindica el diálogo para construir puentes. Una apelación decidida y valiente por la fraternidad como uno de los principios republicanos junto a la igualdad y la libertad. “La fraternidad en definitiva es no pensar nunca en el otro como algo ajeno”, asegura el director.

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