Alba Rohrwacher: “Isabel Coixet ya forma parte de mi familia del alma”

La directora Isabel Coixet solo puede recordar tres veces en las que haya pensado en una actriz antes incluso de escribir un guion. La primera fue con Sarah Polley. Rodando Mi vida sin mí le dijo que iba a escribirle otra película y lo hizo: La vida secreta de las palabras. La última, que aún espera que se convierta en realidad, fue leyendo Los días del abandono, de Elena Ferrante. “Pensé enseguida en Penélope [Cruz]”, confiesa. Y antes, la segunda vez, le pasó con otra actriz extranjera: Alba Rohrwacher (Florencia, 46 años). Cuando llamaron a la directora catalana para que llevara al cine Tres cuencos, el último libro que escribió Michela Murgia, pensó inmediatamente en Rohrwacher. “Siempre que la veía en una película, aunque fuera en un papel pequeño, pensaba: ‘Quiero trabajar con ella’. Había algo en esa mezcla de fragilidad y fuerza que tiene que me fascina… La había visto en las películas de su hermana, Alice, la había visto en tres películas de una directora italiana que es una gran amiga mía, Laura Bispuri, que también la había dirigido en la serie La amiga estupenda… Y siempre que la veía me transmitía una verdad que me gustaba”, resume la directora.

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 La directora Isabel Coixet solo puede recordar tres veces en las que haya pensado en una actriz antes incluso de escribir un guion. La primera fue con Sarah Polley. Rodando Mi vida sin mí le dijo que iba a escribirle otra película y lo hizo: La vida secreta de las palabras. La última, que aún espera que se convierta en realidad, fue leyendo Los días del abandono, de Elena Ferrante. “Pensé enseguida en Penélope [Cruz]”, confiesa. Y antes, la segunda vez, le pasó con otra actriz extranjera: Alba Rohrwacher (Florencia, 46 años). Cuando llamaron a la directora catalana para que llevara al cine Tres cuencos, el último libro que escribió Michela Murgia, pensó inmediatamente en Rohrwacher. “Siempre que la veía en una película, aunque fuera en un papel pequeño, pensaba: ‘Quiero trabajar con ella’. Había algo en esa mezcla de fragilidad y fuerza que tiene que me fascina… La había visto en las películas de su hermana, Alice, la había visto en tres películas de una directora italiana que es una gran amiga mía, Laura Bispuri, que también la había dirigido en la serie La amiga estupenda… Y siempre que la veía me transmitía una verdad que me gustaba”, resume la directora. Seguir leyendo  

La directora Isabel Coixet solo puede recordar tres veces en las que haya pensado en una actriz antes incluso de escribir un guion. La primera fue con Sarah Polley. Rodando Mi vida sin mí le dijo que iba a escribirle otra película y lo hizo: La vida secreta de las palabras. La última, que aún espera que se convierta en realidad, fue leyendo Los días del abandono, de Elena Ferrante. “Pensé enseguida en Penélope [Cruz]”, confiesa. Y antes, la segunda vez, le pasó con otra actriz extranjera: Alba Rohrwacher (Florencia, 46 años). Cuando llamaron a la directora catalana para que llevara al cine Tres cuencos, el último libro que escribió Michela Murgia, pensó inmediatamente en Rohrwacher. “Siempre que la veía en una película, aunque fuera en un papel pequeño, pensaba: ‘Quiero trabajar con ella’. Había algo en esa mezcla de fragilidad y fuerza que tiene que me fascina… La había visto en las películas de su hermana, Alice, la había visto en tres películas de una directora italiana que es una gran amiga mía, Laura Bispuri, que también la había dirigido en la serie La amiga estupenda… Y siempre que la veía me transmitía una verdad que me gustaba”, resume la directora.

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Publicado en Italia en 2023, poco antes de la muerte de Murgia, Tres cuencos es un conjunto de relatos semiautobiográficos en los que la escritora y activista italiana reflexiona sobre adaptarse a las crisis vitales. Entre todos esos relatos, para convertirlos en lo que ha acabado siendo su última película, Tres adioses (en cines, el 6 de febrero), Coixet encontró a Marta, “un personaje que tiene que ver con la trayectoria de Murgia, que fue diagnosticada con un cáncer justamente después de una ruptura sentimental”. Y en Marta vio a Alba. No se conocían, sabían de sus carreras, se admiraban. Quedaron en un café en Roma, la directora le dio un tratamiento de guion, tres cuencos [como los que Marta usa en la película] y la actriz le respondió con un inmediato sí, recuerda desde el salón de su casa en el Trastevere, en un descanso del rodaje en el que trabaja en plenas Navidades. Habla con delicadeza, decisión y ternura, las mismas cualidades que imprime a la increíble variedad de personajes que ha interpretado, en películas como Hungry Hearts (junto a Adam Driver, por la que ganó la Copa Volpi en Venecia) a La quimera o El país de las maravillas (de su hermana Alice).

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Debutó en el cine en 2004, en L’amore ritrovato, por la que ganó su primer David di Donatello (los Goya italianos) y en dos décadas suma más de 70 papeles. Del campo en el que se crio, siguiendo el oficio de apicultor de su padre, a las alfombras rojas de los festivales del mundo ha pasado mucho. Alba Rohrwacher es una estrella absoluta en Italia, pero también en Europa y una actriz deseada por directores de todo el mundo. Pablo Larraín la llamó para ser la ama de llaves de la Maria Callas de Angelina Jolie; Noah Baumbach y George Clooney acaban de contar con ella en Jay Kelly; Maggie Gyllenhaal le dejó un papel en su debut como directora, La hija oscura… Y si quisiera más, habría más, pero lo último que le interesa es la fama. “Trabajadora” como se define, le obsesionan los directores y el proceso, sumergirse en los personajes hasta que, perdiéndose en ellos, se encuentra y vuelve a encontrarse cuando escucha al público. Eso le ha pasado con Tres adioses y su Marta, esa mujer a la que no le gusta hacer lo que no le apetece, profesora de gimnasia en un instituto, que sobrelleva una ruptura (de una pareja interpretada por Elio Germano) y recorre la adoquinada Roma de vírgenes en las esquinas en su bici, con su capa y un pañuelo portugués rojo. “Es su símbolo”, admite, “lo encontré y pedí que lo incluyeran, algo rojo, con flores, un poco gitano”. “Marta es mitad Michela, mitad Alba”, dice Coixet y al segundo confiesa: “Y bastante yo”. Tres adioses va de aprender a vivir la vida, incluso cuando sabes que se acaba. A pesar de la controvertida figura, venerada y odiada al mismo tiempo, que es Murgia en su país (por sus posturas antifascistas y feministas), o quizá justo por eso, la película ha sido un éxito en Italia.

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Pregunta. Isabel Coixet se quedó muy sorprendida con lo controvertida que era Michela Murgia en Italia.

Respuesta. Sí, Michela es como una diosa, pero controvertida. Era muy muy amable, pero también muy precisa. Creo que dividía porque siempre tuvo el coraje de decir cosas sin miedo, pegadas a su verdad. Cuando me dijeron que Isabel Coixet iba a hacer una película de un libro de Michela no entendí inmediatamente la conexión, pero luego me di cuenta. Como lectora, Michela me mostraba una perspectiva diferente de la realidad, no me hacía cambiar de opinión, pero me abría la posibilidad de otro enfoque; y creo que Isabel, con su cine, hace lo mismo.

P. ¿Fue una experiencia muy distinta ese rodaje?

R. Sí, sí. Por ejemplo, cómo Isabel filmó Roma es muy único, bello, inesperado y específico. Vivo en el mismo barrio en el que rodamos, en el Trastevere, pero Isabel me mostró una nueva posibilidad de Roma, una nueva posibilidad de relación entre la gente… Para mí un director muestra una nueva forma de ver la vida, cambia tu percepción. Ese vínculo que comparten Michela y ella es muy fuerte.

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P. Rodaron en el hospital donde le diagnosticaron el cáncer a la autora, en el restaurante que visitaba cada semana con Roberto Saviano… ¿Fue también difícil en ese sentido?

R. Fue un viaje muy intenso para mí, porque tenía que cargar todo el rato con este pensamiento del final de tu vida. Y lo tenía que mantener conmigo para ser honesta, porque si no soy honesta cuando actúo, no puedo actuar. Fue intenso y un poco doloroso también. Por suerte, tenía a Isabel, a Elio, al resto del equipo. Y como la película muestra, había luz. Mucha vida.

P. Hay mucha vida, incluso en esa pequeña escena en la que se come un helado casi como una niña…

R. [Se ríe] Qué locura, Isabel vino y me dijo: “Alba, es muy importante, aquí quiero que seas una mujer de 80 años, pero también una niña de cuatro años, quiero que estés desesperada y llena de vida a la vez, y, por favor, graciosa. Vamos”. Me aterroricé. No sé cómo lo hice. Isabel me provocaba.

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P. ¿Considera que consigue vivir en el momento, como promulga Tres adioses?

R. Sí. Diría que tal vez puedo lograrlo cuando me meto de lleno en un personaje. Esta es mi medicina. O, más bien, mi secreto. Mi objetivo es encontrar este tipo de presencia y paz en el cine. E incluso en mi vida fuera del cine. Es decir, intentar mantener la vida de mis personajes y la mía en esta misma dimensión. Pero soy alguien con una lucha interior desde pequeña, una lucha muy intensa dentro de mí. Encuentro mi lugar de paz cuando hago el viaje de ser otra persona, porque soy yo, pero también otra persona. ¿Se entiende?

P. Hablando como habla de la interpretación, sorprende que empezara estudiando Medicina…

R. Para mí trabajar con el cuerpo, expresarme a través de él, fue lo primero que entendí. Crecimos en un lugar muy aislado, no había cine ni teatro, pero sí había un circo familiar, uno pequeño que venía cada verano, que no era uno tradicional: el único animal que llevaban era una gallina, era como un circo teatral. Y mi sueño era escaparme con ellos y hacer algo con mi cuerpo. Pero como soy una persona muy responsable y mi sueño parecía demasiado grande, decidí estudiar Medicina, que también es una forma de cuidar el cuerpo, y pasaba cada día delante de una escuela de teatro… Estudié Medicina durante un año y medio hasta que decidí meterme en el teatro. Y me enamoré, me encontré a mí misma. Tuve el coraje de intentar entrar en la Escuela Nacional de Cine, en Roma, donde solo admitían a seis personas y me cogieron. Eso me dio la fuerza para dedicarme a esto, y ahora doy clases en esa misma escuela.

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P. Su padre era apicultor, crecieron en el campo, sin cines, pero su hermana también acabó en la industria, como directora. ¿No es raro?

R. Fue extraño porque las dos tomamos rutas diferentes para llegar al mismo planeta… Y no es por casualidad que yo esté en la acción y ella observando las cosas. Mira [en la película] El país de las maravillas, Alice decidió que el punto de vista fuera el de Gelsomina, la hermana mayor, es decir, mi punto de vista.

P. En esa película, Alice contó un poco su infancia, y usted interpretaba a la madre. ¿Fue liberador o demasiado íntimo?

R. Bueno, no era nuestra historia… Era diferente. Pero sí recuerdo llegar por primera vez a aquella cocina, que no era la nuestra, pero sí un lugar de recuerdo… La misma atmósfera, colores, los objetos… ¡Cómo es la memoria! Fue muy emocionante, y extraño, sí.

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P. Hace años, su hermana dijo que trabajar juntas era peligroso.

R. Creo que el peligro es algo hermoso. Creo que somos una pareja muy fuerte trabajando porque podemos ser sinceras inmediatamente. Aunque nuestras formas de ser sean antagónicas, cuando trabajamos, nos protegen las reglas del cine. Es una relación muy, ¿cómo decirlo?, privilegiada. Porque no puedo ocultarle nada, ni en lo bueno ni en lo malo, y cuando ella me dice algo, tiene razón. Es un peligro bueno.

P. En 20 años de carrera, lleva más de 70 personajes, ¿por eso se define siempre como actriz “de clase trabajadora”?

R. Sí, somos de clase trabajadora. Venimos de una familia donde el trabajo era fundamental para vivir, por eso somos así.

P. ¿Los destellos de la fama no la han deslumbrado?

R. No sé si a la gente le interesa ser una estrella, incluso si ya son estrellas, a mí me interesa el proceso de trabajo. Para mí, lo importante es por qué hago esta película, cómo la hago, y la gente con la que la hago. No conozco gente que busque la fama. La habrá, quizá, pero los artistas que admiro se centran en el trabajo.

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P. ¿Tiene ya la distancia suficiente para saber qué va a significar Tres adioses en su carrera?

R. Lo primero es mi experiencia con Isabel, la forma en la que he conectado con ella. Ya es una persona que forma parte de mi familia del alma. Y de la película me quedo con la reacción del público, que está viendo a Marta casi como una heroína de las cosas pequeñas. En Italia es un momento muy difícil para el cine. O sea, en todo el mundo, pero en Italia más aún porque tenemos muchos problemas con la financiación, el Estado no está dando dinero… Vivimos una profunda crisis del cine. Y Tres adioses fue una excepción: la gente fue a ver la película, está hablando de ella. Traicionamos de alguna forma, supongo, el libro de Michela para ser más fieles aún, porque su mensaje sigue vivo.

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Estilismo Beatriz Moreno de la Cova

Maquillaje Nicoletta Pinna (Simone Belli Agency)

Peluquería Paulo Zagatto (Roberto D’Antonio)

Manicura Asalaya Pazzaglia (Simone Belli Agency)

Producción Cristina Serrano

Producción local Cico Filotico (Kitten Production)

Asistente digital David García

Asistentes de fotografía Niccolò Berretta y Niccolò Rossi

Asistente de estilismo Diego Serna

Asistente de producción local Alessio Biagiotti

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