Joel Edgerton: «Tengo fe en que los humanos vamos a encontrar la forma para evitar que la IA nos destruya»

Joel Edgerton (Sídney, 1974) se atusa la barba en el momento en el que la pregunta se le está formulando. La paladea, tranquilo, ríe brevemente y se lanza a una generosa disertación, ajustándose exac tamente a lo que se le ha trasladado antes de buscar otra conexión más compleja. Y el ritual se repite una vez tras otra. El actor australiano vuelve a introducir sus dedos en la poblada barba, piensa con calma y deja salir esa risita cómplice que transita entre la aprobación y la seguridad de saber qué responder.

 El actor australiano protagoniza la segunda temporada de ‘Materia oscura’, la serie de ciencia ficción de Blake Crouch para Apple TV  

Joel Edgerton (Sídney, 1974) se atusa la barba en el momento en el que la pregunta se le está formulando. La paladea, tranquilo, ríe brevemente y se lanza a una generosa disertación, ajustándose exac tamente a lo que se le ha trasladado antes de buscar otra conexión más compleja. Y el ritual se repite una vez tras otra. El actor australiano vuelve a introducir sus dedos en la poblada barba, piensa con calma y deja salir esa risita cómplice que transita entre la aprobación y la seguridad de saber qué responder.

El intérprete está en Madrid para promocionar la segunda temporada de Materia oscura, la serie de ciencia ficción de Blake Crouch para Apple TV basada en su propia novela, y pregunta en cuanto aparece en la habitación del Four Seasons en que se está produciendo este encuentro qué se va a encontrar cuando salga a la calle. Y la respuesta habitual para un agosto en la capital suele ser calor. Edgerton parece torcer el gesto, pero en cuanto toma asiento ese pesar ya no está. Ha desaparecido. Y, de nuevo, ahí está la sonrisa.

En la ficción de Crouch, Edgerton ha experimentado cómo su personaje, y por tanto él, se desdobla en un sinfín de avatares con distintas personalidades en otros tantos mundos, llevando al extremo el principio de la superposición cuántica -una partícula puede estar en dos o más estados a la vez-. «Como actor me atrae la idea de la transformación. Inicialmente yo me imaginaba un cambio físico extremo, pero resulta que es todo lo contrario: ¿cómo logramos que estas dos versiones de Jason [nombre de su personaje] sean lo más parecidas posibles? Que los cambios se centren más en la confianza, la actitud, la intención o el efecto de la experiencia, que sean sutiles para que un piense que son muy diferentes. Hay que confiar en la sutileza en lugar de buscar cambios extremos», detalla el actor.

Mientras estaba inmerso en este proyecto, ya que lo aborda como una de las bases de su guion, ¿le surgió la reflexión sobre la importancia que tiene en estos momentos la identidad humana? Es además uno de los debates que más se están dando recientemente a nuestro alrededor.
Lo genial de la ciencia ficción es que permite examinar la humanidad de una manera más específica. Me refiero a que si te separan no solo de tu familia, sino también de tu versión de la vida, ¿cómo encuentras el camino de regreso? La ciencia ficción amplifica y magnifica las cosas y, desde ahí, se plantean preguntas interesantes sobre la naturaleza frente a la crianza, sobre cómo la experiencia puede moldear la vida de una persona. Eso me parece fascinante. No solo cómo mis decisiones me llevaron a ser quien soy ahora, sino cómo moldearon mi carácter: el éxito frente al fracaso, la familia frente a la falta de responsabilidades… Me encanta que, por un lado, tengamos una naturaleza, pero que las circunstancias te moldeen como persona. Es muy valioso pensar cómo este momento presente, allá donde estés, es la culminación de todo lo que te ha sucedido antes.

Eso se puede traducir al mundo tecnológico y científico, presentes también en Materia oscura como elementos capitales, los avances de nuestro tiempo también son el resultado de todo lo que la humanidad ha ido moldeando. «Creo que hemos cometido los mismos errores una y otra vez y aún así seguimos obteniendo beneficios de las nuevas tecnologías. Pero, al mismo tiempo, lidiamos con las terribles consecuencias de estas. Porque los seres humanos, como señala esta serie, somos culpables de dejarnos llevar por el ego».

Ahí surge una pregunta: ¿debe el ser humano desarrollar todo aquello que crea que es posible? «Un personaje dice que no se puede detener el ego humano. Yo creo que todos estamos atrapados en un patrón, en un ciclo, pero de alguna manera conseguimos superar las dificultades. Tengo fe en que, por ejemplo, la IA no nos vaya a destruir porque de alguna manera encontraremos la forma de evitarlo. De verdad, lo espero. Pero es mejor que no me dejen a mí al frente».

La posibilidad de que perdamos la vida humana tal cual la conocemos es una de las cuestiones que abordan en esta serie, ¿encuentra algún paralelismo con esa pérdida de una vida cotidiana a la que puede llevar la fama?
Mi nivel de fama está en un punto intermedio, no me acosan por la calle. Aunque no sé por qué, no sé por qué. [Risas] El otro día usé la expresión ‘ten cuidado con lo que deseas’ como lo podemos aplicar a la tecnología y a la IA. Pensamos ‘esto es genial, es nuevo, juguemos con ello’ y no nos damos cuentas de las desventajas. Creo que estar en el foco público te genera una falsa sensación de que necesitas impresionar o ser relevante. Y si le das importancia, puede llevarte a una vida muy decepcionante. Es lo que yo llamo comprar entradas para tu propio desfile, para sentir que mereces ser celebrado o que eres mejor que los demás solo porque sales en un programa de televisión. Esa es una trampa muy peligrosa porque habrá momentos donde quieras que la gente te deje en paz, pero en cierto modo tú te lo has buscado. Al igual que en la tecnología, hay aspectos buenos y malos y, sin duda, hay paralelismos. Hay músicos o actores que realmente disfrutan creando una barrera entre ellos y el mundo real, pero si te deshaces de esa barrera, incluso psicológicamente, el resto del mundo ya no te trata como si fueras especial.

Además de su papel protagonista, Joel Edgerton -al igual que la coprotagonista, Jennifer Connelly- ejerce como productor ejecutivo de la serie. Un movimiento cada vez más común entre los actores de Hollywood y que el australiano ya había probado en otras ocasiones. En 2008, ya se encargó de esas funciones en The Square, el thiller que él mismo escribió y que dirigía su hermano, Nash Edgerton; en 2015 y en 2018, repitió con The Gift e Identidad borrada, que dirigió, escribió y protagonizó él mismo, y en 2017, fue uno de los productores de It Comes at Night, la cinta de terror de Trey Edward Shults cuyo reparto lideraba. «Se trata de invitar a los seres humanos al proceso y de apropiarte de un personaje. En el caso de los actores, esa influencia como productores ejecutivos suele significar que contribuimos un poco más, que no es solo presentarte ahí para decir tus líneas. Es una forma de participar en las conversaciones sobre la trama y ayudar a definir el desenlace sin ser demasiado autoritarios. Eso espero, al menos».

Bajo las capas científicas y tecnológicas, en las que, en muchos momentos, se pierde la trama de Materia oscura, subyacen elementos inherentes a la condición de ser humanos. Por mucho que los personajes se multipliquen en espacios -el siempre recurrente multiverso- y tiempos, el amor sigue presente. «Hay una capa bastante poética sobre el entrelazamiento que a mí me parece bastante romántica, donde las personas se encuentran una y otra vez sin importar lo que suceda en el universo. Imaginemos que eso fuera real, es hermoso que estemos conectados cósmicamente de alguna manera. De hecho, es un ideal que perdura en muchas culturas como muestra la película coreana Vidas pasadas. Creo que a los humanos nos gusta pensar que hay una línea invisible que nos une con las personas que significan mucho para nosotros».

Y ahí está, de nuevo, esa sonrisa.

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