Bruna Lucadamo, actriz: “Creía que mi infancia había sido normal, pero hablas con otros y te dices: hostia, normal no ha sido”

En el podcast Delirios de España, el periodista Juan Sanguino cuenta que Tom Cruise visitó el rodaje de Los Otros y el equipo presenció cómo la piel, los rasgos, incluso la altura del actor se transformaban en el monitor en cuanto se ponía delante de la cámara. Esa comunión inexplicable entre piel y lente aparece también cuando la actriz Bruna Lucadamo (Madrid, 22 años) posa junto a su hermano Teo. Su presencia magnética crece todavía más en la distancia corta. Vino al mundo sin sufrimiento. Su madre, la actriz Aitana Sánchez-Gijón, y su padre, el artista plástico argentino Guillermo Papín, fueron a una clínica de partos naturales en Benidorm. Ahí tuvieron a Bruna, en una bañera. “Se supone que el bebé está ahí en el líquido amniótico, supertranquilo, calentito, y de repente sale al mundo y es un golpe muy heavy. Cuando naces en el agua, es como una transición más amena hacia la vida”

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 La actriz interpreta a una futbolista de los setenta en ‘Pioneras: solo querían jugar’ y forma parte de la propuesta anual de talento joven de ICON  

En el podcast Delirios de España, el periodista Juan Sanguino cuenta que Tom Cruise visitó el rodaje de Los Otros y el equipo presenció cómo la piel, los rasgos, incluso la altura del actor se transformaban en el monitor en cuanto se ponía delante de la cámara. Esa comunión inexplicable entre piel y lente aparece también cuando la actriz Bruna Lucadamo (Madrid, 22 años) posa junto a su hermano Teo. Su presencia magnética crece todavía más en la distancia corta. Vino al mundo sin sufrimiento. Su madre, la actriz Aitana Sánchez-Gijón, y su padre, el artista plástico argentino Guillermo Papín, fueron a una clínica de partos naturales en Benidorm. Ahí tuvieron a Bruna, en una bañera. “Se supone que el bebé está ahí en el líquido amniótico, supertranquilo, calentito, y de repente sale al mundo y es un golpe muy heavy. Cuando naces en el agua, es como una transición más amena hacia la vida”

En un aeropuerto alguien le preguntó qué quería ser de mayor y ella respondió que actriz. Tenía solo cinco años. A esa edad, explica, dejó de jugar con las Barbies y se puso seria. “Siempre he querido jugar a ser otras personas”. La vocación, reconoce, no surgió de la nada: su madre lleva toda la vida dedicada al oficio y ella se ha criado entre bambalinas. Una infancia poco común que, vivida desde dentro, acaba por parecer normal. “No soy del todo consciente de lo que ha supuesto. Pero luego hablas con amigas o con otra gente y piensas: ‘Hostia, no, normal no ha sido. Normal no es. Es una suerte, un privilegio enorme. Luego tiene sus cosas, pero, en general, somos unos absolutos privilegiados”.

Por desgracia, antes de meterse a actriz tuvo que ir al colegio, una experiencia que no recuerda con cariño. “No me ha encantado el sistema educativo convencional: las notas, pasar ocho horas en un pupitre, estudiar, medir tu valía a través de números y de lo que retienes. Sin individualizar a los alumnos. Y sin ver que cada uno tiene un potencial distinto y una manera de ser y de aprender distintas”. La expectativa de prolongar los estudios no la motivaba en exceso. “Pensaba: joder, voy a estar toda la vida esperando al verano. Y cada semana esperando el fin de semana. Y después de esto tendré que empezar una universidad, y será así siempre”.

Se libró pronto del horario de oficina. Con 17 años dejó el bachillerato y se matriculó en artes escénicas. Estuvo cinco años en el Centro del Actor, la escuela que dirige Gloria García Lasbayonas —antes profesora en Corazza— y donde las enseñanzas de Chéjov siguen muy presentes. “Para mí es una segunda casa”. Fue una decisión difícil en su momento y hoy la resume en dos adjetivos: “Arriesgada y acertada”. “Me liberó profundamente”, cuenta. “Me permitió empezar un camino de mirar hacia adentro, de conocer lo más profundo de mi subconsciente, sacarlo y conectar con mi cuerpo”. También le dio amistades con gente mayor, porque en las clases de teatro hay alumnos de todas las edades. “Me cambió la vida”.

En esa época empezó a jugar al fútbol. Años después, esa habilidad le dio puntos de ventaja para obtener el papel de Belén en Pioneras: solo querían jugar, dirigida por Marta Díaz de Lope Díaz, estrenada en junio. Grabó la primera prueba convencida de haberla arruinado. “Madre mía, qué mal lo he hecho. No me van a llamar nunca”. Pero la llamaron. Y luego otra vez. En total hizo cuatro sesiones de casting, aunque de fútbol hubo más bien poco: unos toques y poco más. De hecho, una de sus compañeras consiguió el papel sin haber jugado nunca. El entrenamiento llegó después, con semanas de ensayos y preparación física para las escenas deportivas. La última prueba fue, recuerda, una auténtica tortura. Todas las actrices ya estaban reunidas y se hablaba del proyecto como si fueran a formar parte de él, pero nadie confirmaba nada. “Yo decía: ‘Por favor, decidme si estoy, que no puedo más”. Cuando recibió la noticia, rompió a llorar. Llamó a su madre entre lágrimas y ella también se echó a llorar. “Fue como un sueño”.

La cinta, el primer papel importante de Lucadamo, rescata la historia real y silenciada de un grupo de jovencísimas mujeres que, en la España de los setenta, desafiaron los prejuicios para formar los primeros equipos de fútbol femenino del país. Ella interpreta a Belén, una “chavala” que lleva jugando toda la vida en la plaza del barrio, más o menos a escondidas, y la única del grupo que cuenta con el apoyo de un padre exigente que la trata, dice, “casi como el niño que nunca tuvo”. Tiene el papel de capitana: “Muy seria, muy introspectiva, muy eficaz, cabezota”, describe. A Lucadamo le gusta el fútbol, pero no se identifica con muchos de sus valores, ni cree que en su generación se haya alcanzado una igualdad real.

“En el cole yo era la única chica a la que dejaban jugar, pero era porque me decían que yo contaba como chico. Sí que he notado mucha discriminación positiva. De decir: ‘Hostia, qué bien juega para ser una tía’. Juego, y punto. Y juego normal. Ni buena para ser una tía ni nada”. Le gustaría continuar haciendo cine político y social. Se rodea de personas en las que no ha permeado ese supuesto giro conservador. “Hace poco escuché que los jóvenes follan poco y sienten más necesidad de formar una familia tradicional. Y es verdad, incluso lo noto en mí misma. Quiero tener mis hijos, mi casa, mi trabajo, obviamente no va a ser lo habitual”. ¿Incluso casarse? “Solo por celebrar el amor, con mi pareja me querría casar mil veces”.

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