Viaje a la Sijena medieval con gafas 3D: cuando la realidad virtual explica mejor las pinturas que los restos conservados

“La única salida que le queda a Sijena es el mundo virtual”. El catedrático Manuel Castiñeiras (Universidad Autónoma de Barcelona) expresa una opinión extendida en el mundo académico: “Cuando una obra de arte sufre daños irreversibles —en el caso del monasterio oscense, por efecto del fuego en 1936—, la tecnología es el último recurso para entender el original. Al menos, en el caso del público no especializado». Una especie de milagro que permite al espectador viajar en el tiempo y observar, por ejemplo, cómo se construía la Catedral de Vitoria en la Edad Media, colándose entre operarios y grúas, con la única ayuda de unas gafas 3D. O con soluciones un tanto menos inmersivas.

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 La tecnología digital puede ayudar al público a comprender obras que han desaparecido, están a miles de kilómetros o sufrieron daños irreversibles, como en el caso aragonés  

“La única salida que le queda a Sijena es el mundo virtual”. El catedrático Manuel Castiñeiras (Universidad Autónoma de Barcelona) expresa una opinión extendida en el mundo académico: “Cuando una obra de arte sufre daños irreversibles —en el caso del monasterio oscense, por efecto del fuego en 1936—, la tecnología es el último recurso para entender el original. Al menos, en el caso del público no especializado». Una especie de milagro que permite al espectador viajar en el tiempo y observar, por ejemplo, cómo se construía la Catedral de Vitoria en la Edad Media, colándose entre operarios y grúas, con la única ayuda de unas gafas 3D. O con soluciones un tanto menos inmersivas.

En la iglesia de Sant Climent de Tahüll (Lleida), el video mapping —técnica audiovisual que proyecta imágenes o animaciones sobre superficies reales— ayuda a comprender cómo se pintaban las obras maestras del románico, pese a que el Cristo en majestad original se encuentra, como los frescos de Sijena, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC). Cuando las piezas artísticas viajaron a miles de kilómetros, las réplicas mediante escaneado digital pueden traerlas de vuelta a casa. Es el caso de los sepulcros góticos de los condes de Urgell, cuyas copias exactas se pueden visitar hoy en el monasterio ilerdense de Bellpuig, tras venderse los originales a Estados Unidos hace un siglo.

En Sijena, esa opción inmersiva ya existe, aunque no se ha implementado. “Hoy podrías entrar en la sala, ver cómo la luz ilumina las pinturas de los techos, escuchar el sonido de las campanas y de los pájaros, e incluso disfrutar de los cantos de las monjas”. El recorrido virtual que describe Juan Naya, promotor del proyecto Sigena Mágica, hace posible volver a disfrutar del colorido de una de las obras más importantes de la Europa medieval. La tecnología la han desarrollado Naya y su equipo aunque el Gobierno de Aragón, actualmente centrado en la devolución de las pinturas, aún no ha valorado su incorporación a la sala capitular del monasterio.“La gente no sabe cómo son los frescos ni qué significan, y esa es la gran oportunidad que existe”, explica Naya.

El pasado mes de abril, tras años de conflicto, la jueza encargada del caso le dio carpetazo definitivo, al ordenar que la devolución de la joya del siglo XII, exhibida ahora en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), se realice a Aragón en un plazo máximo de un año y un mes. Naya cree que la polémica suscitada por la devolución puede, curiosamente, ayudar a popularizar el conjunto artístico: “Hoy, La Gioconda de Leonardo da Vinci es el cuadro más famoso del mundo, pero el origen de esa fama está en el robo que se produjo a principios del siglo XX”, recuerda. El programa facilitaría “ver el contraste con los restos que han quedado” una vez devueltos los originales al monasterio, y así entender “el valor y la belleza” del conjunto creado a finales del siglo XII. “Pienso que, hasta que no te pones las gafas 3D, es imposible saber cómo era ese espacio”, sostiene Naya.

El desarrollo tecnológico se valió, primero, de una profunda investigación del conjunto original. Acto seguido, contó con la participación de expertos en arte y realidad virtual para rescatar las imágenes tal como eran. “Cuando recorre los frescos de Sijena en el MNAC, la gente dice: ‘No veo nada, no veo ningún color”, explica Albert Burzón, especialista en restitución virtual, quien descarta que el público general pueda entender la obra pictórica con el actual grado de deterioro. Burzón se incorporó al proyecto, precisamente, para que cualquiera pudiera disfrutar de la obra.

Lo más sencillo habría sido componer un videomapping como el exitoso modelo de Tahüll. “Es uno de los trabajos más importantes que hemos hecho, porque ha contribuido a revitalizar la economía del Valle de Bohí”, defiende Burzón, que visita periódicamente la iglesia para evaluar si la proyección continúa cumpliendo su función. “La gente se sigue emocionando cuando lo ve”, añade. Pero la complejidad arquitectónica de Sijena hizo que se desechase esta opción. “Había que instalar una locura de proyectores (cerca de medio centenar) y los arcos habrían creado numerosas sombras”, explica el artista digital.

Para que la instalación fuera invisible, la única opción viable pasaba por utilizar unas gafas 3D. “Aquí la tecnología no se ve, te la pones en los ojos”, justifica Burzón, quien se encargó de recrear el escenario tridimensional, recuperando las tonalidades que en el siglo XII lucían los personajes y las escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, hoy perdidas. Faltaba el último paso, uno de los más complejos. “En un proyecto de este tipo, tienes que coger el 3D y crear un mundo virtual para poder estar dentro”, aclara Joan Rosell, el especialista que desarrolló el universo de Sijena. “Lo más complicado fue sincronizar la cantidad de retratos que había para mostrarlos como estaban antes”, valora. El equipo trabajó hasta en el más mínimo detalle: cómo entraba el sol en la época o de qué manera se reflejaba la luz en los abundantes elementos dorados que se perdieron por efecto del fuego. Asimismo, el escaneado del monasterio facilitaba que el visitante pudiera recorrer la estancia milímetro a milímetro, tal y como ordenó construirla la reina Sancha de Castilla en torno a 1183.

“Cuando la gente se pone las gafas, lo primero que hace es abrir la boca”. De esa forma tan gráfica describe Joan Rosell la sorpresa de los usuarios que han probado ya la experiencia. A este profesional, que viene del mundo audiovisual y no del arte, le ocurrió algo similar después de un año entero invertido en el encargo. “Ahora entiendo el amor que Juan Naya tenía por recrear esta decoración”, reconoce, y añade: “El objetivo era ayudar a visualizar el espacio en todo su esplendor para que el público comprendiera su valor histórico y artístico, y lo que hemos logrado es realmente emocionante”.

El propio Naya cree haber alcanzado el objetivo: “He visto otras realidades virtuales importantes, como la de Notre Dame tras el incendio, y creo que el nivel de experiencia al que hemos llegado no lo hay en ninguna otra parte del mundo”, defiende el promotor. “Hemos añadido una capa más de información por encima de la obra para darle un significado, añadir el color y la forma”, destaca Albert Burzón. He aquí la gran paradoja: ¿puede la copia digital de una obra de arte llegar mejor al espectador que el original, cuando este se encuentra seriamente dañado?

Esa es la idea que explora, por ejemplo, el proyecto Giravolt. La Generalitat de Cataluña ha creado una plataforma donde se pueden visitar réplicas digitales de obras de arte o yacimientos digitales —o incluso recorrer la casa de un campesino catalán— para conocerlas mejor. O la digitalización de la iglesia de Frómista (Palencia), que acerca al espectador esta obra maestra del románico con un nivel de detalle nunca visto. En el caso de Sijena, el acceso del público a la réplica virtual es aún incierto.

El promotor Juan Naya reconoce la dificultad. “Que exista la opción no significa que algo vaya a ocurrir”. Se refiere a la falta de impulso institucional que, hasta ahora, ha recibido la propuesta. Si finalmente no hubiese respaldo público, el filántropo se compromete a que Sigena Mágica se pueda llegar a disfrutar algún día a través de una iniciativa “a título privado”, pese a que “con el apoyo del Gobierno de Aragón podríamos llegar mucho más lejos”. Queda en el aire una duda más: ¿qué obtiene el propio Naya de todo esto? “Lo más bonito es cuando personas mayores que han escuchado historias de Sijena toda la vida se ponen las gafas 3D y se emocionan, porque al fin pueden experimentar lo que le contaron sus mayores, aunque ellos nunca lo vieron”, revela.

 EL PAÍS

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