
El libro va bien. Tanto que el fenómeno ha sido bautizado en foros internacionales como el “milagro español del libro”: se trata del continuo crecimiento del sector libresco durante los últimos años en indicadores como la facturación de la industria, el porcentaje de lectores habituales, la lectura en niños y jóvenes o la resiliencia de las librerías (esto último, con matices). Es una de las pocas buenas noticias que se pueden leer en los periódicos.
Las cifras de facturación editorial o de porcentaje de lectores habituales llevan años creciendo; la evolución demográfica o la crisis de la atención pueden llevar a su estabilización en un futuro a medio plazo
El libro va bien. Tanto que el fenómeno ha sido bautizado en foros internacionales como el “milagro español del libro”: se trata del continuo crecimiento del sector libresco durante los últimos años en indicadores como la facturación de la industria, el porcentaje de lectores habituales, la lectura en niños y jóvenes o la resiliencia de las librerías (esto último, con matices). Es una de las pocas buenas noticias que se pueden leer en los periódicos.
La próxima semana, dentro de la Feria del Libro de Madrid (el buen rumbo de las ferias, festivales y eventos literarios es otro síntoma de lo descrito), se presenta el informe sobre el Comercio interior del libro en España, que emite la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE). Se prevé que las cifras sigan siendo buenas, pero cabe la pregunta: ¿cuándo y por qué razones podría estabilizarse ese crecimiento? Llegado el caso tampoco tendría que verse como una mala noticia —no es cosa de ser cenizos—, sino como una señal de que el mercado español ha llegado a explotar sus máximas potencialidades y equipararse con otros países del entorno.
Vayamos por partes. El primer milagro, más allá de otros indicadores, es que el libro como objeto que se toca y que se huele se ha mantenido a flote: los lectores han sido fieles al romántico papel antes que al pragmático píxel de los dispositivos de lectura electrónica. Cosa que, por cierto, no ha ocurrido en otros ámbitos como la música o el cine, donde hoy dominan las plataformas digitales.
Además de este hecho inaudito, y en cuanto a los datos, la facturación de libros en España llegó a un máximo en 2008, según datos del último informe publicado, cuando fue de 3.185 millones de euros. Aquel año estalló la crisis financiera y allí también se sitúa el origen de las diversas crisis civilizatorias (la policrisis) que hoy nos azotan. El libro, por supuesto, se derrumbó con el paisaje. Pero en 2014 la tendencia se revirtió y desde entonces la cifra lleva creciendo durante más de un decenio. En 2024 alcanzó los 3.037 millones, un 6,3% más que el año previo.

“Aunque hay que tener en cuenta una deflación: la facturación se ha recuperado, pero, aunque el precio medio del libro ha permanecido constante, los costes de producción han subido, por ejemplo, por el encarecimiento del papel”, dice Luis González, director general de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, dedicada al estudio del libro y la lectura. Otra de las preocupaciones es la sobreproducción: en 2025 se publicaron algo más de 91.000 títulos con ISBN, según el Instituto Nacional de Estadística. La alta producción libresca fomenta la competencia y la alta rotación, algo que resta visibilidad a los autores y suele beneficiar los grandes grupos.
Desde 2020, funesto año de la pandemia, la facturación pareció revitalizarse, como si el confinamiento nos hubiera acercado a la lectura y esa cercanía se hubiera ido fortaleciendo con los años. “Fue tras la pandemia cuando empezó a hablarse en Europa del milagro español, o del milagro ibérico, porque el fenómeno también se da en Portugal. Dos países que estaban en el vagón de cola de la Europa occidental, que sufrieron dictaduras, y en los que se ha dado progreso económico, avances sociales y formación cultural”, dice Manuel Moreno, presidente de la FGEE.
Además del progreso general del país, hay quien quiere poner en valor los esfuerzos del sector y no solo los “factores exógenos”: “Se ha dado una respuesta de todo el ecosistema del libro para hacer llegar a los lectores, actuales y potenciales, títulos que se acerquen a sus preferencias. Por ello pensamos que, mediante un esfuerzo colectivo, ayudado desde los planes de educación, el sector del libro en España puede seguir deparando buenos resultados, como se está demostrando en este primer semestre, en el que el libro está creciendo a ritmo superior al 4%”, indica Jesús Badenes, director general de la División Editorial del Grupo Planeta.
Para facturar libros hacen falta lectores. Así que para mantener lo milagroso del libro español ha sido necesario que el porcentaje de personas que aseguran leer al menos un libro al trimestre también haya ido creciendo de forma sostenida en los últimos años hasta alcanzar el 69,8% de la población, según el Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros 2025 de la FGEE con la colaboración del Ministerio de Cultura. Las mujeres, por cierto, leen bastante más: un 75,4% frente al 63,9% de los hombres, lo que podría conectarse con el auge la literatura escrita por mujeres. Y, pese al cliché extendido de que la juventud no lee, son los niños y los primeros jóvenes los que más lo hacen frente a otras franjas de edad: un 85%, lo que ha colaborado notablemente a la efervescencia.

El milagro para las librerías es resistir
En cuanto a la resiliencia de las librerías, la cosa cambia según el estudio. Según Barómetro de 2025, la compra en librerías independientes sigue siendo en porcentaje mayor que en internet o cadenas de librerías, aunque cayó un 4%, hasta el 40% en 2025. En cambio, el informe de Comercio interior de libro es más positivo: también celebra las librerías como principal canal de comercialización y con un crecimiento en ingresos del 8% en 2024, frente al 2,2% de las cadenas. El predominio de la venta en librerías se apoya, por cierto, en la ley de precio fijo, que las protege de la competencia con las grandes cadenas y superficies y, según sus defensores, fomenta la “bibliodiversidad”.
“El milagro para las librerías es resistir”, afirma Luis Miguel Tigeras, presidente de la Asociación de Empresarias y Empresarios del Comercio del Libro de Madrid, que señala que la bonanza no lo es tanto para sus establecimientos. Entre sus problemas señala sobre todo la presión inmobiliaria en las ciudades: las dinámicas de especulación, turistificación o gentrificación ponen los alquileres imposibles. También la competencia con plataformas de venta digital (sobre todo, Amazon), con grandes cadenas de librerías, hipermercados o las propias editoriales cuando venden directamente. “Ha de respetarse la cadena del libro”, dice Tigeras. El relevo generacional en algunas librerías también supone un contratiempo, aunque lo cierto es que se siguen abriendo librerías aquí y allá. “Hay librerías que tienen una salud cultural y financiera enorme”, concluye el presidente.
¿Un futuro de estabilización?
¿Qué puede pasar en el futuro? “El escenario más probable es la estabilización”, dice Luis González. La demografía es un factor decisivo a la hora de explicarlo: las generaciones mayores crecieron en un mundo donde había menos formación cultural y hábito lector; de hecho, la franja mayor de 65 años es la que menos lee, solo un 58% coge un libro al trimestre. “Hay una franja que creció en un país muy rural y con tasas grandes de analfabetismo. Y esa gente ha ido saliendo de la muestra. Ahora estamos en un país con casi el 100% de escolarización y muchos títulos universitarios”, dice González.
Así, se puede esperar que el crecimiento de lectores continúe según vayan desapareciendo las generaciones mayores y sean sustituidas por nuevas cohortes demográficas más lectoras. Pero también puede haber ahí un obvio techo al crecimiento, cuando todas las franjas de edad tengan ya formación y hábito lector. Una sociedad entera de gente que lee. “Es posible que lleguemos a porcentajes en torno al 80%, que son los que hay en países como Reino Unido o Alemania”, dice Moreno. Unos nacen en España y otros llegan de fuera: el reto migratorio en el caso del libro, según explica el experto, es acercar la población migrante a la lectura: en algunos casos, la dificultad surge por el idioma; en otros, por tener menos tiempo libre disponible o una menor formación. La precariedad que con frecuencia acompaña la migración hace pocas migas con la lectura.
“Pensamos que al ecosistema del libro en España todavía le queda recorrido hasta alcanzar a las sociedades más lectoras de Europa, y que la infraestructura industrial en España es flexible y ágil, lo cual es sinónimo de un gran potencial de adaptación”, señala Jesús Badenes. Y se muestra optimista: “Aunque según la formulación popular de la Ley de Gravitación Universal de Newton ‘todo lo que sube vuelve a bajar’, en el caso de la evolución de los libros en España, pensamos que se puede aplicar la coletilla ‘…o vuelve a subir”.
Otro factor que puede alterar el crecimiento es la crisis de la atención. “En la sociedad contemporánea cada vez hay más oferta para nuestro tiempo libre, una oferta que antes no existía”, explica Moreno, que ejemplifica con el poder de atracción de las plataformas audiovisuales. “El tiempo libre cada vez está más disputado”, añade. También se puede variar el marco de referencia: “Quizás deberíamos ser más exigentes con lo que consideramos un ‘lector habitual”, dice el librero Tigeras. Es decir, si dejamos de pensar que un lector habitual solo lee un libro al trimestre y pensamos que tiene que leer al menos un libro al mes, por ejemplo, el porcentaje de lectores sería menor y habría más margen de aumento. Por supuesto, una forma de aumentar la venta de libros sería aumentar la compra de libros por habitante que, según Moreno, en España no llega a cuatro libros por habitante y año (a un precio medio de 15 euros), mientras que Alemania supera los 7 o Italia los 5. “Puede que en los próximos años descendamos uno o dos puntos, pero crecer menos no significa decrecer”, concluye Moreno.
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