Estefanía Molina, politóloga: “Este sistema está hecho para los ‘boomers’, y está agotado”

La periodista y politóloga Estefanía Molina, autora de 'Los hijos de los 'boomers' (Destino), retratada en el Museo Reina Sofía de Madrid, el 2 de febrero.

Estefanía Molina (Igualada, Barcelona, 34 años) recuerda ir de excursión a la redacción de La Vanguardia, a los 10 años, y decirse: “Yo quiero ser esto”. Aunque no entendiera demasiado, le hipnotizaba ver con su padre Informe Semanal y el Telediario con su madre. Al final, tras estudiar Periodismo y Ciencias Políticas, consiguió ser “esto”. Analiza la política en EL PAÍS, la Cadena SER y algunas tertulias televisivas.

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 En su nuevo libro, la analista hace un alegato por la clase media en declive y aboga por una resolución de las diferencias intergeneracionales que beneficiaría a toda la sociedad y alejaría los extremismos  

Estefanía Molina (Igualada, Barcelona, 34 años) recuerda ir de excursión a la redacción de La Vanguardia, a los 10 años, y decirse: “Yo quiero ser esto”. Aunque no entendiera demasiado, le hipnotizaba ver con su padre Informe Semanal y el Telediario con su madre. Al final, tras estudiar Periodismo y Ciencias Políticas, consiguió ser “esto”. Analiza la política en EL PAÍS, la Cadena SER y algunas tertulias televisivas.

“La compresión generacional me ha acompañado siempre”, dice en la cafetería Nubel del museo Reina Sofía de Madrid. Así que ahora se ha lanzado al lío de explicar qué pasa en España entre las generaciones, un tema candente que suele acarrear fuertes reacciones. No parece tener miedo. Su nuevo libro se llama Los hijos de los boomers: de la muerte de la clase media al auge de una generación antisistema (Destino), donde se declara de ideología clasemediera y hace una aguda crítica al boomerato.

Pregunta. Usted se considera una persona “normal”.

Respuesta. Soy hija de guardia civil; mi madre limpiaba casas y luego vendió seguros. Me he criado en una familia humilde. Hasta los seis años viví en un cuartel, luego accedimos a la VPO. Pura clase media. Mi abuela, a la que dedico el libro, no sabía leer ni escribir. Hoy, su nieta se dedica a leer y a escribir.

P. Padre guardia civil… ¿Se vivía en casa el miedo a ETA?

R. Mi madre me cuenta que miedo siempre había, porque nunca sabías lo que podía pasar. Cataluña no era el País Vasco, aunque hubo atentados como el de Hipercor o el del cuartel de Vich. Pero yo no tenía el miedo muy integrado…

P. En Cataluña hay otro nacionalismo.

R. Eso sí, Igualada es uno de los pueblos más nacionalistas de Cataluña. Mi familia, andaluza, hablaba castellano en casa, estaba muy agradecida de estar allí, y en el colegio yo hablaba catalán. Esas dos identidades me han atravesado siempre.

P. ¿Y qué supone eso?

R. Creo que me ha llevado a ser más analítica que militante. A tener una identidad capaz de entender otras identidades. O una identidad híbrida. Por eso me ha interesado comprender la cosa indepe.

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P. Ha escrito usted un “manifiesto” para que “nos pongamos las pilas” en la cuestión generacional.

R. Sí. El sistema está pensado para la generación del baby boom, para sus condiciones económicas y demográficas… y creo que se ha agotado. Tenemos que decir “aquí estamos”, porque la tendencia es negar este discurso.

P. ¿Qué pasa con los jóvenes?

R. Los jóvenes están impugnando este sistema: ellos serán los adultos del mañana… y la clase media se está hundiendo. Lo que construyeron los padres en la Transición ya no sirve para los hijos. Y corremos el riesgo de que el estado del bienestar y la democracia dejen de existir tal y como los conocemos.

P. Los chavales se están volviendo de extrema derecha.

R. Son los jóvenes más derechizados de la democracia, sobre todo los varones, se observa una radicalización y un cambio de actitud con respecto a la propia democracia. Hay quien cree, de forma naíf, que son ciclos, y que cuando tengan piso, salario y familia estarán integrados y serán moderados. No: una generación criada en el malestar, antisistema, no se va a ir así como así.

P. Para los padres fue diferente.

R. Claro, los jóvenes saben que hubo un contexto distinto, de una clase media aspiracional, con unos salarios que permitieron acceder a la propiedad. La desconfianza hacia el sistema perdurará: crecen los jóvenes que no quieren pagar impuestos porque sienten que no les revierte en nada.

P. Algunos ansían un régimen autoritario que arregle sus necesidades materiales.

R. En la política influye mucho cómo nos socializamos. Los boomer se socializaron en dos premisas básicas. Primero, huían de un sistema dictatorial y pusieron mucha esperanza en la democracia. Y segundo, esa democracia les dio bienestar material. La democracia no solo se legitima por sus bondades políticas, sino por sus resultados.

P. ¿Vivimos en una gerontocracia?

R. En cierto sentido, sí. Se legisla en favor de la generación de los boomers. A los zeta y los milenialsno les funciona. El ciclo económico que fomentó el estado de bienestar no tiene nada que ver con el actual. Este bienestar se basaba en algunas premisas: cada generación vivirá mejor que la anterior (en el sentido económico), la demografía se irá renovando y la esperanza de vida media será de entre 60 y 70 años. Tiene que haber productividad creciente. Y esas premisas han implosionado.

P. La crisis del estado de bienestar también puede relacionarse con las decisiones políticas, ideológicas, que promueve el actual dogma económico, no muy proclive al sostenimiento de la clase media.

R. Creo que el ciclo económico pesa más que las decisiones concretas. Fíjate en el problema con las pensiones: tenemos un gobierno que ha puesto muchos recursos, y aún así seguimos teniendo un problema de demografía.

P. ¿Ayudaría un cambio de gobierno?

R. A veces me dicen que digo estas cosas como crítica al gobierno actual, pero creo que cuando llegue la derecha la cuestión generacional seguirá muy viva. La base de votantes del bipartidismo es el baby boom, incluso más envejecida la del PP. Hay una pata estructural, pero es que además las decisiones importantes se toman para los boomers: es más cómodo revalorizar pensiones, atraer a personas migrantes para sostener el estado de bienestar o, incluso, desatender el problema de la vivienda, que afecta menos a los mayores.

P. ¿Qué se podría hacer para los jóvenes?

R. Transformar el mercado de trabajo, transformar la educación para que seamos más productivos… Pero lo que se les da es el bono cultural, el interrail, un cheque de emancipación que se lleva el casero… Medidas estéticas.

P. No están quemando contenedores. ¿Por qué?

R. Paradójicamente, porque existen los boomers. Lo que la política no arregla, lo arreglan ellos. Son los que proveen de dinero a sus hijos para la entrada del piso o les acogen en casa o les ayudan con las facturas… Son los que generan la paz social. Yo no critico a los boomers, eso que quede claro, yo solo trato de describir el mecanismo.

P. ¿Por eso son también importantes las pensiones?

R. Las pensiones se han convertido en un sustento para los hijos, lo dijo toda una vicepresidenta del gobierno [María Jesús Montero]. Eso permite a los políticos seguir buscando el voto entre los mayores sin preocuparse de los jóvenes. Y todo esto es un motor de desigualdad.

P. ¿De qué modo?

R. Hoy el sistema se fundamenta en que la familia te ayude a dar la entrada de un piso, y hoy tu vida depende sustancialmente de si eres propietario. Pero no todas las familias pueden: boomer pobre, boomer rico. En pocos años habrá gente que solo tendrá su fuerza laboral. Y esto es porque la política le ha endilgado el problema a los padres boomer.

P. ¿Siempre ganará esa generación?

R. Es que ni siquiera pueden estar seguros: puede haber una crisis que recorte las pensiones. También pueden dejar de ayudar a sus hijos porque tener que invertir en sus cuidados (la residencia, por ejemplo). Y también pueden encontrar un país con una sanidad sin recursos para atender a personas más longevas. De modo que arreglar la cuestión generacional beneficia a todos.

P. Hace usted una defensa de la cultura del esfuerzo, pero muchas veces el esfuerzo no sirve para nada.

R. En España, votaras a quien votaras, había ideología de la clase media: si te esforzabas, ese esfuerzo funcionaba. Yo no es que reivindique la cultura del esfuerzo, ni difunda el neoliberalismo, lo que reivindico es que vivamos en un estado del bienestar donde el esfuerzo y el progreso personal vayan unidos. Eso es lo que se ha roto: los jóvenes no ven que sus esfuerzos den resultado. Y eso es lo que genera auténticos monstruos.

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