La apuesta ha ido subiendo de temperatura conforme se acercaban los días del estreno de Cumbres Borrascosas. Primero fue Margot Robbie, que aseguró haber desarrollado una cierta “codependencia” de su compañero de reparto, Jacob Elordi, hasta el punto de sentirse perdida, “como una niña sin manta” cuando lo perdía de vista durante el rodaje. El australiano, por su parte, explicó que estaban “obsesionados” el uno con el otro, y trascendió que había llenado de rosas la habitación de Robbie durante la grabación para conmemorar el Día de San Valentín del pasado año. La actriz añadió entonces que, en una escena del filme en la que él la levanta con un brazo y la protege de la lluvia con el otro, “le dejó las piernas temblando”, que Elordi sería “un gran novio” y que incluso encargó dos anillos hechos a mano como recuerdo del tiempo que pasaron interpretando a Heathcliff y Catherine, lucidos a juego durante una jornada de prensa compartida. Por si todo ello no fuera suficiente para evidenciar la química entre los protagonistas de la nueva adaptación del clásico de Emily Brontë, dirigida por Emerald Fennell, Robbie desveló que había organizado un visionado con sus amigas más cercanas y que la reacción fue completamente desatada: “Eran 20 mujeres echando espuma por la boca. Parecían perras rabiosas. Gritaban, sollozaban, todo a la vez. Si Jacob llega a entrar en ese momento, creo que se lo habrían comido”.
La apuesta ha ido subiendo de temperatura conforme se acercaban los días del estreno de Cumbres Borrascosas. Primero fue Margot Robbie, que aseguró haber desarrollado una cierta “codependencia” de su compañero de reparto, Jacob Elordi, hasta el punto de sentirse perdida, “como una niña sin manta” cuando lo perdía de vista durante el rodaje. El australiano, por su parte, explicó que estaban “obsesionados” el uno con el otro, y trascendió que había llenado de rosas la habitación de Robbie durante la grabación para conmemorar el Día de San Valentín del pasado año. La actriz añadió entonces que, en una escena del filme en la que él la levanta con un brazo y la protege de la lluvia con el otro, “le dejó las piernas temblando”, que Elordi sería “un gran novio” y que incluso encargó dos anillos hechos a mano como recuerdo del tiempo que pasaron interpretando a Heathcliff y Catherine, lucidos a juego durante una jornada de prensa compartida. Por si todo ello no fuera suficiente para evidenciar la química entre los protagonistas de la nueva adaptación del clásico de Emily Brontë, dirigida por Emerald Fennell, Robbie desveló que había organizado un visionado con sus amigas más cercanas y que la reacción fue completamente desatada: “Eran 20 mujeres echando espuma por la boca. Parecían perras rabiosas. Gritaban, sollozaban, todo a la vez. Si Jacob llega a entrar en ese momento, creo que se lo habrían comido”. Seguir leyendo
La apuesta ha ido subiendo de temperatura conforme se acercaban los días del estreno de Cumbres Borrascosas. Primero fue Margot Robbie, que aseguró haber desarrollado una cierta “codependencia” de su compañero de reparto, Jacob Elordi, hasta el punto de sentirse perdida, “como una niña sin manta” cuando lo perdía de vista durante el rodaje. El australiano, por su parte, explicó que estaban “obsesionados” el uno con el otro, y trascendió que había llenado de rosas la habitación de Robbie durante la grabación para conmemorar el Día de San Valentín del pasado año. La actriz añadió entonces que, en una escena del filme en la que él la levanta con un brazo y la protege de la lluvia con el otro, “le dejó las piernas temblando”, que Elordi sería “un gran novio” y que incluso encargó dos anillos hechos a mano como recuerdo del tiempo que pasaron interpretando a Heathcliff y Catherine, lucidos a juego durante una jornada de prensa compartida. Por si todo ello no fuera suficiente para evidenciar la química entre los protagonistas de la nueva adaptación del clásico de Emily Brontë, dirigida por Emerald Fennell, Robbie desveló que había organizado un visionado con sus amigas más cercanas y que la reacción fue completamente desatada: “Eran 20 mujeres echando espuma por la boca. Parecían perras rabiosas. Gritaban, sollozaban, todo a la vez. Si Jacob llega a entrar en ese momento, creo que se lo habrían comido”.

Si Cumbres Borrascosas relata cómo la historia de amor de una pareja acaba marcada por el deseo y los celos desbordados, la promoción del filme ha querido agitar esos mismos ingredientes en la coctelera. Las miradas y gestos cómplices del dúo protagonista han sido una constante en cada parada del tour global que se ha desplegado estas semanas, alimentando la fantasía colectiva de que la historia de pasión entre Robbie y Elordi continúa fuera de plano, más allá de los créditos finales. Del mismo modo que la actriz australiana es una firme defensora del method dressing en la alfombra roja –trasladando la estética y el imaginario de sus películas a sus apariciones públicas, en este caso la era victoriana–, Robbie también ha buscado que la narrativa romántica trascienda la pantalla y se prolongue en los stories de Instagram. Pero mientras este romance platónico se desplegaba con todo su esplendor, también proliferaban los artículos y comentarios que cuestionaban, y en muchos casos ridiculizaban, la posición del marido de la intérprete, Tom Ackerley, en todo este relato.
“Emasculado”, “miserable”, “pobre hombre”, “no se respeta”, “yo, si fuera él, estaría celoso…”. Las redes sociales se han convertido en un auténtico hervidero de juicios de valor sobre el papel que Ackerley debería asumir en esta historia y lo tachan de “marido florero” que contempla cómo su mujer flirtea con otro hombre ante sus propios ojos.
Pocos parecen detenerse, sin embargo, en la posición de Olivia Jade, la novia de Elordi, con quien, según varios medios, se habría reconciliado hace apenas unas semanas.
@thespillpod My cuties!!! Sometimes Hollywood is really all about being in your best dress in a storm. Jacob Elordi and Margot Robbie attend the Wuthering Heights premiere in London ♥️ #margotrobbie #margotrobbieedit #jacobelordi #wutheringheights #jacobelordiedit
Tom Ackerley y Margot Robbie se conocieron en 2013 en el set de rodaje de Suite Francesa, donde él trabajaba como ayudante de dirección. Tres años después se dieron el “sí, quiero” en una ceremonia privada en Byron Bay, en su Australia natal, y a finales de 2024 dieron la bienvenida a su primer hijo, cuyo nombre han decidido mantener alejado del foco mediático.
Fruto también de su relación es la productora LuckyChap, fundada en 2014, desde la que han impulsado títulos como Yo, Tonya y Barbie, además de otros éxitos como Una mujer prometedora y Saltburn, ambas dirigidas por Emerald Fennell y protagonizada esta última por Jacob Elordi. Ahora, Robbie, Fennell y Elordi vuelven a reunirse en esta nueva adaptación de la novela de Emily Brontë, producida de nuevo por ellos. Es decir, si alguien se pregunta cómo debe de estar llevando Ackerley esta exhibición pública de química entre los dos actores, la respuesta más probable es que no exista ningún conflicto: no solo es uno de los responsables del proyecto, sino que habrá acordado con Warner Bros. que el enfoque promocional del filme pase por este method romance. No hay gestos incómodos, silencios elocuentes ni declaraciones fuera de tono; Ackerley se limita a posar junto al equipo con una sonrisa serena. Una actitud —la de no encarnar el cliché de marido celoso— que, paradójicamente, parece indignar todavía más a algunos fans de la actriz.

Carlos García, coach y especialista en terapia de pareja, considera que la percepción de “hombre pasivo” que muchos proyectan sobre Ackerley tiene que ver con la forma en que todavía se entiende socialmente la masculinidad. “En la cultura occidental, la sensibilidad emocional ha estado vetada a los hombres porque se asociaba a la debilidad. El hombre debe ser poderoso y esforzarse por mantener ese rol dominante, especialmente frente a su pareja. Es posible que la actitud de Ackerley responda, en realidad, a un modelo de relación responsable y equilibrado, basado en la generosidad y el compromiso, donde el diálogo y la confianza forman parte de lo cotidiano. Desde la butaca del cine vemos personajes que se besan, se abrazan y se acuestan en la intimidad de una alcoba –y eso es lo que alimenta los comentarios en redes–, pero no dejan de ser actores rodeados de decenas de personas, haciendo su trabajo. Y Tom Ackerley lo sabe”, reflexiona.
Lejos de ser una excepción, la gira de Cumbres Borrascosas no ha hecho sino amplificar una tendencia habitual en Hollywood, que ha convertido las promociones cinematográficas en una suerte de performance pensada para la viralidad. ¿Quién quiere escuchar detalles sobre la trama o las vicisitudes del tedioso rodaje cuando puede ver a sus actores favoritos sufriendo con alitas de pollo ultrapicantes, acariciando cachorros, cantando a capela u horneando pizzas para el New York Times? Wicked, Marty Supreme o Agárralo como puedas son ejemplos recientes de este espectáculo de habilidades en el que ha mutado la ya casi extinta prensa cinematográfica. En este último caso, Liam Neeson y Pamela Anderson recorrieron platós proclamando su amor a los cuatro vientos, aunque poco después de terminar la promoción ella confesó que solo habían sido pareja durante una semana, justo tras finalizar la grabación. Glen Powell y Sydney Sweeney también admitieron haber forzado una narrativa similar para impulsar la taquilla de su comedia romántica Cualquiera menos tú.
Stuart Heritage, en The Guardian, critica que estos romances prefabricados –que califica como “showmance”–, tan antiguos casi como las colinas de Los Ángeles, se hayan normalizado: “¿De verdad nos estamos convirtiendo en algo tan estúpido? Es evidente que las campañas cinematográficas han tenido que adaptarse a los tiempos, porque el viejo modelo de perfiles en revistas y entrevistas formales sentados frente a frente ha dado paso a un nebuloso ruido en redes sociales. Pero ver a Robbie y Elordi mirándose con ojos de cordero degollado —sabiendo perfectamente que dejarán caer ese artificio como una piedra en cuanto tengan algo nuevo que promocionar— es darse cuenta de que algo ha salido muy mal”.

La psicóloga y sexóloga Silvia Sanz explica a S Moda que el deseo romántico colectivo se proyecta sobre la fantasiosa pareja formada por Margot Robbie y Jacob Elordi, pero que la frustración aparece cuando esa realidad que nos gustaría creer no se materializa. “Esa frustración transforma el deseo incumplido en burla, irritación o desprecio hacia quien estorba e impide que la fantasía se cumpla… el marido”, señala. A su juicio, convendría preguntarnos qué dice de nuestra sociedad de que nos incomode ver a un hombre que deja espacio a su pareja, no compite, la apoya para que brille y acepta un segundo plano.
“Es una mirada profundamente machista, donde el hombre debe ocupar una posición dominante, jerárquica y de mayor éxito que la mujer. Tal vez mantenemos expectativas sobre la masculinidad muy alejadas de la realidad. Tenemos muchos modelos de hombres poderosos que se definen por los celos, la posesión o el temperamento. Faltan, en cambio, referentes culturales de hombres tranquilos, confiados y no reactivos. Esos son los verdaderamente maduros emocionalmente”, añade.
En el caso de Margot Robbie, una de las actrices más deseadas de Hollywood, este mecanismo de adjudicarle romances ficticios en el set comenzó casi al mismo tiempo que su carrera en la meca del cine. Su complicidad con Will Smith en Focus provocó un escándalo por la supuesta infidelidad del actor a su esposa, Jada Pinkett Smith. Poco después tuvo que desmentir cualquier vínculo con Leonardo DiCaprio durante el rodaje de El lobo de Wall Street. También circularon rumores sobre su química con Ryan Gosling en Barbie —ella misma confesó que se arrepentía de no haberlo besado en ninguna escena— o con Colin Farrell, que llegó a afirmar públicamente que su compañera “le ponía”.
Tom Ackerley nunca ha salido a desmentir ni a alimentar ninguno de estos rumores. ¿Por qué nos resulta culturalmente más sencillo comprender —e incluso justificar— a un hombre celoso que a uno que confía? “La ingenuidad se castiga más que la desconfianza. Una persona engañada se convierte en objeto de burla porque se la percibe como débil o poco inteligente. Por eso entendemos mejor los celos: el celoso se protege de parecer tonto. En redes —y en la prensa rosa— se penaliza más la ingenuidad que la sospecha”, concluye García. Sea o no responsable esta narrativa cuidadosamente construida, las previsiones sitúan a Cumbres borrascosas como uno de los grandes éxitos de taquilla del invierno.
EL PAÍS
