“¿CEIP Barrié de la Maza?”. La trabajadora que atiende al teléfono del colegio público de Santa Comba (A Coruña, 9.442 vecinos) tiene que seguir utilizando el nombre oficial, y franquista, del centro hasta nueva orden. Es decir, mientras no se completen los trámites (consistorio mediante) del cambio de denominación y la Xunta de Galicia no confirme la decisión que tomó a finales de enero, por unanimidad, el consejo escolar. Era un viejo deseo, y una propuesta defendida hasta el final por un profesor querido, Fernando Pintos, que murió en enero, recién jubilado. El CEIP, que en el futuro se llamará —como quería Pintos— Atomé, el alias de Antonio Tomé, un médico y caricaturista del lugar, celebró el medio siglo en 2025. Se inauguró el año en que murió Franco, inmerso en esa inercia de la dictadura que sembró el callejero y las infraestructuras españolas de nombres de esos gerifaltes del régimen que urdieron una élite hoy todavía influyente en muchas partes.
“¿CEIP Barrié de la Maza?”. La trabajadora que atiende al teléfono del colegio público de Santa Comba (A Coruña, 9.442 vecinos) tiene que seguir utilizando el nombre oficial, y franquista, del centro hasta nueva orden. Es decir, mientras no se completen los trámites (consistorio mediante) del cambio de denominación y la Xunta de Galicia no confirme la decisión que tomó a finales de enero, por unanimidad, el consejo escolar. Era un viejo deseo, y una propuesta defendida hasta el final por un profesor querido, Fernando Pintos, que murió en enero, recién jubilado. El CEIP, que en el futuro se llamará —como quería Pintos— Atomé, el alias de Antonio Tomé, un médico y caricaturista del lugar, celebró el medio siglo en 2025. Se inauguró el año en que murió Franco, inmerso en esa inercia de la dictadura que sembró el callejero y las infraestructuras españolas de nombres de esos gerifaltes del régimen que urdieron una élite hoy todavía influyente en muchas partes. Seguir leyendo
“¿CEIP Barrié de la Maza?”. La trabajadora que atiende al teléfono del colegio público de Santa Comba (A Coruña, 9.442 vecinos) tiene que seguir utilizando el nombre oficial, y franquista, del centro hasta nueva orden. Es decir, mientras no se completen los trámites (consistorio mediante) del cambio de denominación y la Xunta de Galicia no confirme la decisión que tomó a finales de enero, por unanimidad, el consejo escolar. Era un viejo deseo, y una propuesta defendida hasta el final por un profesor querido, Fernando Pintos, que murió en enero, recién jubilado. El CEIP, que en el futuro se llamará —como quería Pintos— Atomé, el alias de Antonio Tomé, un médico y caricaturista del lugar, celebró el medio siglo en 2025. Se inauguró el año en que murió Franco, inmerso en esa inercia de la dictadura que sembró el callejero y las infraestructuras españolas de nombres de esos gerifaltes del régimen que urdieron una élite hoy todavía influyente en muchas partes.
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